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Historia Viva - Agustín Tosco

AGUSTÍN TOSCO: Luz y Fuerza para luchar

Por Martín Borja, publicado en Primera Página, 10/96

En la desconcertante historia del sindicalismo vernáculo, pocos dirigentes son bien recordados. Uno de ellos es el cordobés Agustín Tosco: tenaz luchador, inquebrantable líder y hábil pensador del ideario de los '60 y '70.

· El 6 de noviembre de 1975 cientos de personas se reunieron en el cementerio de San Jerónimo, en Córdoba, para despedir a Agustín Tosco, figura emblemática del movimiento obrero argentino. Se había ganado el afecto de los trabajadores cordobeses a base de constancia y valentía, luchando junto a ellos durante años, como uno más, sufriendo represiones, cárceles y clandestinidad. Su gente lo sentía como líder pero también como compañero de lucha. Jamás había bajado los brazos ante sus enemigos y opositores -es decir, los gobiernos militares y la burocracia sindical-; sólo lo detuvo una enfermedad infecciosa que a los 45 años terminó por vencerlo.

· Sin embargo, el Gringo Tosco no pudo descansar en paz: ese día, los asistentes al cortejo fúnebre fueron reprimidos y corridos a balazos, y muchos de ellos detenidos. Pero ya estaban acostumbrados. Para los obreros cordobeses la represión era moneda corriente desde 1966, cuando el general Onganía llegó al poder con su autodenominada Revolución Argentina. Fue en ese momento cuando la imagen de Tosco comenzó a tener más representatividad a nivel popular.

· Desde su juventud, había mostrado interés por los conflictos de la clase obrera. A los 20, dos años después de entrar a Luz y Fuerza como ayudante electricista, fue elegido delegado. Sus lecturas juveniles y sus estudios en la Universidad Tecnológica lo dibujaban, de a poco, como un hombre de una vasta cultura y capacidad, y una notable conciencia de clase. Al principio, no pudo resistirse al temprano romance con el peronismo, que levantaba las mismas banderas que él pregonaba: independencia económica y amplios beneficios laborales. Pero hacia 1954, las cosas habían cambiado, y la búsqueda en conjunto de un verdadero camino para "la liberación nacional" lo llevó al pensamiento socialista. Si bien fue apartidario, durante toda su vida sindical se relacionó frecuentemente con el peronismo de izquierda cordobés -el de Atilio López, de la UTA, luego asesinado por la Triple A-, con el radicalismo de Arturo Illia e Hipólito Solari Yrigoyen, y ya en los '70 con algunas de las organizaciones guerrilleras. No creía en la violencia como medio político sino como respuesta a los que la generan contra la sociedad. A pesar de que él no compartía los métodos, las fuerzas de izquierda (armadas y no armadas) lo veían como símbolo referente de la misma lucha que se planteaban cotidianamente.

· HONRA Y SINDICALISMO

· Tosco pretendía construir una unidad de acción popular de origen clasista, con la participación de todos los sectores democráticos, independientemente de la corriente política a la que pertenecieran, incluso con el apoyo de estudiantes y sacerdotes. "El rol de la clase obrera -explicaba- debe ser la vanguardia organizada y combativa de los demás sectores populares, para lograr las transformaciones revolucionarias".

· Su sindicato (Luz y Fuerza regional Córdoba) se enlistó en 1968 en la CGT de los Argentinos, que encabezaba Raimundo Ongaro y que contaba con Rodolfo Walsh como intelectual. Así se transformó en un fuerte brazo de resistencia contra la burocracia sindical de la CGT Nacional, en ese momento representada por el vandorismo y luego por José Rucci, Lorenzo Miguel y Rogelio Coria, a quienes Tosco denominaba como "la podredumbre del sindicalismo participacionista". A raíz de esta adhesión, la Federación de Luz y Fuerza a nivel nacional (FATLYF), suspendió al gremio cordobés y lo desafilió al poco tiempo. Los burócratas con sus matones a sueldo no podían aceptar que algunos prefirieran "honra sin sindicalismo que sindicalismo sin honra", como se decía en aquella época.

· El participacionismo se constituía para estos dirigentes como una forma de negociar espacios en el poder, haciendo oscuros acuerdos y claudicando frente a la dictadura de Onganía. El cordobés, en cambio, se oponía ferozmente a ser "un apéndice" del sistema y planteaba un "sindicalismo de liberación", desde las organizaciones de base, con continuas medidas de fuerza y la gente marchando en las calles. "Hay que barrer -decía en 1972- con ese equipo de matones que van al Savoy y a Ezeiza a disparar a pistola limpia, que la policía encuentra armas cortas y largas en sus autos, y que se vuelven muy tranquilos a la CGT, mientras que un compañero que sale a gritar su protesta a la calle (por sus derechos, para aliviar su miseria) puede recibir un balazo en la cabeza o ir a la cárcel."

· A raíz de su activa participación en 1969 en el Cordobazo (quizá la rebelión popular más significativa del siglo en nuestro país), permaneció siete meses encarcelado y, desde la prisión de Rawson, escribió una serie de artículos en Electrum -el boletín informativo del sindicato- donde dejaba ver con una magnífica lucidez sus principios e ideales de cambio. Además, su posición frente a los dirigentes claudicantes era cada vez más firme. Ese año asesinaron a Augusto Vandor pero en la CGT todo continuó igual. En 1970 se multiplicaron las medidas de fuerza en todo el país, y la resistencia a la dictadura fue cada vez mayor, al igual que la represión.

· Ya con el general Levingston en el gobierno, Tosco conformó el Movimiento Nacional Intersindical. Durante 1971 se sucedieron 12 paros generales; uno de ellos, en marzo, culminó para los cordobeses en otro gran hecho violento: el Viborazo, que obligó al militar de turno a renunciar y a dejar el efímero sillón presidencial al general Lanusse. Pero Tosco estaba otra vez preso: primero en Devoto, luego en Rawson. Eso no evitó que fuera elegido Secretario General de Luz y Fuerza. El 22 de agosto del '72, el fantasma de la muerte le pasó muy cerca: 19 compañeros de prisión que intentaron fugarse rumbo a Chile fueron detenidos y fusilados (tres lograron sobrevivir) en lo que se llamó la Masacre de Trelew. Fue uno de los anuncios más virulentos del terrorismo de Estado que tiempo después se iría intensificando cada vez con mayor frecuencia.

· Desde el penal de Rawson, este hecho le dio a Tosco renovadas fuerzas para seguir combatiendo. En setiembre, luego de tortuosos 17 meses de cárcel, fue liberado y volvió a su provincia a interceder de nuevo por su gente y denunciar la situación vivida por los presos políticos. El tan mentado regreso de Perón lo encontró en la vereda de enfrente. La progresiva derechización del movimiento peronista y la cada vez más cruenta violencia de la Triple A lo llevaron casi a la clandestinidad. Era el precio por aspirar a "un sindicalismo con honra".

· Jorge Bernetti, historiador y periodista, opina que "desde la muerte de Tosco, no hubo en la Argentina un dirigente con su peso y capacidad. Tenía una gran representatividad gremial, trascendió el sindicalismo cordobés y pesó muchísimo en el ámbito nacional...", y agrega: "De no haber muerto antes del golpe del '76, hubiera logrado una gran importancia, por parte de las fuerzas de izquierda, en el retorno a la democracia".

Historia Viva - Agustín Tosco

Producción Periodística: Martín Borja ¦ Diseño: Hernán Manuel García Blesa