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El primer desafío Por Martín Borja, publicado en Primera Página, 4/97 Pocos recuerdan el papel de la dirigencia sindical en el oscuro período del '76 al '83. Hacerle un paro general a la Junta Militar no era tarea fácil. Recién en abril de 1979 se llevó a cabo la primera protesta popular y lo que fue el paso inicial del movimiento obrero hacia la recuperación democrática. Sin embargo, igual que hoy, convivían los dirigentes opositores con los cómplices del poder. · Ya habían pasado tres años del golpe militar y la maquinaria represiva de la dictadura estaba cómodamente en su apogeo. La clase trabajadora se encontraba seriamente fracturada debido a la desaparición y persecución de miles de militantes y delegados gremiales. Según el informe de la CONADEP, casi el 50 % de los desaparecidos fueron obreros y empleados. Sin embargo, pese a las derrotas sufridas cotidianamente en materia laboral y al vergonzoso grado de connivencia de la burocracia sindical con el gobierno militar, se inició en aquel momento una serie de huelgas de algunos gremios reclamando derechos cercenados. Así, los ferroviarios, los obreros de Luz y Fuerza y de Transporte implementaron medidas de lucha que otorgaron a la resistencia un carácter más orgánico y persistente. Pero el que se oponía a esa política económica asegurada en el terrorismo de Estado, sabía bien que arriesgaba su trabajo y su vida. · El régimen de Videla y compañía había puesto en vigencia la Ley de Seguridad Industrial (21.400) que prohibía el derecho de huelga y que castigaba ferozmente -hasta con fusilamientos- los intentos de protesta en las fábricas. Además, eliminó a través de un decreto las paritarias -dejando a su antojo los ajustes salariales-, dictó la ley de prescindibilidad para justificar los despidos por causas políticas, declaró ilegales a varias organizaciones sindicales -entre ellas las 62- y colocó un interventor militar -el coronel Pita- en la CGT. · OPOSITORES Y CÓMPLICES · En 1977, el sindicalismo opositor crea la llamada Comisión de los 25 que intenta reorganizar de a poco la confrontación. En ella, se unen diferentes gremios combativos representados por dirigentes hoy no tan combativos como Roberto García (de los taxistas), Demetrio Lorenzo (alimentación), Saúl Ubaldini (cerveceros), Ricardo Pérez (camioneros), José Rodríguez (SMATA), Roberto Digón (tabaco) y Raúl Ravitti (ferroviarios), entre otros. · Paralelamente pero en la vereda de enfrente, los dirigentes cómplices del gobierno colaboran formando la Comisión de Gestión y Trabajo, encabezada por el titular de los telepostales Ramón Baldassini y conformada por los sindicatos no intervenidos. Es el mismo Baldassini el encargado de pintar de rosa para el exterior la situación de los trabajadores cuando, en 1978, representa a la Argentina en la Asamblea Anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Más tarde, aquella dirigencia títere quedaría convertida en la Comisión Nacional del Trabajo, que contaba entre sus filas nada menos que a Jorge Triaca -quince años después ministro de Trabajo e interventor de Somisa en la era de despidos menemista- y al millonario y flexibilizador Armando Cavallieri, entre otros. · En medio de un estado de violencia y terror para toda la sociedad y, sobre todo, para la clase trabajadora, la Comisión de los 25 decide convocar a comienzos del '79 a un paro nacional, el primero que tendría que soportar la dictadura. La convocatoria fue para el 27 de abril, pero cuatro días antes sucede algo impredecible: los dirigentes organizadores son citados al Ministerio de Trabajo, donde resultan engañados y detenidos por la policía, interrogados por el ministro del Interior Harguindeguy, y luego encarcelados durante tres meses en la cárcel de Caseros. Esto originó numerosas denuncias de organizaciones internacionales de derechos humanos en reclamo por los sindicalistas argentinos. La detención de éstos no impidió que el paro se realizara, pero su carácter casi clandestino no permitió que tuviese gran nivel de adhesión. A pesar de eso, constituyó sin duda alguna el primer paso en un camino más organizado hacia la recuperación democrática. · Más tarde, llegaría la formación de la opositora CGT Brasil, en 1980, con Ubaldini como secretario general, y luego las manifestaciones violentas del 30 de marzo y del 16 de diciembre de 1982 en Plaza de Mayo, cuando murió el obrero mecánico Dalmiro Flores. Para ese entonces, la guerra de Malvinas ya era una herida dolorosamente abierta y la dictadura casi un cadáver. |
Producción Periodística: Martín Borja ¦ Diseño: Hernán Manuel García Blesa